Experiencia Vinilo 1: ¿Cuál es el encanto de los discos de vinilo?

Disfrutar de la música en vinilo lleva consigo toda una ceremonia que lo convierte en una experiencia amplia. Con esta guía, te ayudamos a acercarte y a entender qué hace tan especial el soporte de música analógica por excelencia.

Estrenamos una nueva guía, que constará de tres posts, con la que queremos hacer más accesible la experiencia de la música en vinilo para los vírgenes en la materia. Con ella, buscamos mostrarte los encantos de este soporte y lo ceremonial que resulta su escucha.

 

La clave: el vinilo ofrece música analógica

La música digital es la forma más habitual de escuchar música actualmente: CDs, FLAC, ALAC, MP3… Si viene de un servicio de streaming o lo estás enviando por Bluetooth, es digital (aunque tendrá que convertirse en analógico para que puedas escucharlo).

Sin embargo, cuando alguien te habla, o escuchas un concierto en vivo, el sonido es analógico de cabo a rabo.

 

Colección de vinilos junto a los auriculares GRADO SR80e

 

¿Cual es la diferencia entre analógico y digital?

El resumen es que lo analógico es continuo, mientras lo digital es discreto (léase, discontinuo).

Es más sencillo entenderlo con esta imagen:

Esto es así porque el mundo en el que vivimos es analógico, mientras los datos digitales con los que operan los equipos informáticos y gran parte de la electrónica, son binarios (se reducen a ceros y unos en su mínima expresión).

 

Entonces, ¿el vinilo tiene un sonido más “real”?

Vaya por delante que, actualmente, podemos disfrutar de la música digital con resoluciones tan altas que resultan indistinguibles para el oído humano gracias a la Alta Fidelidad. La prueba de ello es que la mayoría de estudios de grabación guardan sus grabaciones en formato digital (más fácil de conservar y copiar) que se encargan de convertir en analógico de nuevo si quieren grabar un vinilo con ellas.

Sin embargo, usar soportes analógicos como el vinilo nos ahorra esa conversión como usuarios, ofreciéndonos de entrada una onda de sonido analógica que el plato se encarga de recrear. Y ahí está parte de su encanto.

Pero hay más:

 

El vinilo, un formato físico y grande para todo un ritual

Al contrario que los archivos digitales, o el compacto Compact Disc, un LP tiene 30,5 cm de diámetro, una funda y, a menudo, información adicional en un libreto. Esto permite realizar todo un ritual a la hora de disfrutar de la música en la que los vinilos ganan de calle a otros formatos y soportes.

Tocas el vinilo para colocarlo en el plato (¡hazlo siempre por el borde! O acabarás provocando uno de los temidos “dedazos” sobre el surco), añadiendo el sentido del tacto a la la experiencia. Te sientas, y ojeas la funda, el libreto, volviendo la experiencia visual. Y, además, debido a la dificultad para saltar pistas (hay que hacerlo a ojo, levantando y bajando la aguja, porque el surco es continuo), escuchar un vinilo propicia que se le dedique tiempo a disfrutar la música que contiene, lo que sin duda, añade encanto al ritual que rodea estos grandes discos negros. Es decir, disfrutas de la experiencia musical tal como autores e intérpretes la presentan: de principio a fin, en su orden original, sin alteración. 

El vinilo nos recuerda que, sin importar lo frenético que sea el ritmo de vida actual, hay momentos en los que deberíamos detenernos para poder disfrutar de verdad. Y por ello, los melómanos no dejan morir este soporte.

Music Hall - Mark 1 Walnut

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