¿Acabará el auge audiófilo con la Guerra del Volumen?

Las empresas musicales tienden a elevar cada año un poco más el volumen de las canciones para sobresalir entre la competencia, lo que resta dinamismo a la música donde “más alto” no equivale a “mejor”. Para los audiófilos, una reprocción perfecta sería aquella en la que el audio sonase exactamente igual que en el momento de la grabación, sin embargo, las tendencias actuales del mercado de la música están más interesadas en destacar de modo más burdo.

La llamada Loudness War, en español Guerra del Volumen,  es un fenómeno que se lleva observando desde hace tiempo en las discográficas. Como si se hubieran inspirado en la publicidad televisiva, frecuentemente más alta que el resto de la programación buscando llamar la atención del espectador, las compañías discográficas desean imponerse a la competencia a base de sonar “más alto”. De este modo, al reproducirse una de sus canciones inmediatamente después que otra con volumen general más bajo, parecerá que suena mejor. En cambio, lo único que logra es volver la música, como definió Bob Dylan, “estática”.

Discográficas, villanas una vez más

Por enésima vez, estas empresas culturales se colocan en el punto de mira, acusadas de estar más preocupadas por sus ganancias que por la calidad de la música que venden. En este caso, señalarlas no viene motivado por su animadversión hacia el formato digital y online que iTunes apalió, o por encumbrar a músicos de dudosa calidad pero gran repercusión mediática, sino porque una cuestión de marketing está robando fluidez y matices a los temas musicales.

Está comprobado que, año a año, las discográficas tienden a subir progresivamente el volumen al que graban los discos. Esto es fácil de comprobar en casa, tan solo hacen falta dos CDs editados por el mismo sello musical en años distintos. Cuantos más haya de diferencia, mejor. Si reproduces uno en cualquier equipo y luego, sin tocar el volumen, el siguiente, el cambio de volumen “de fábrica” se hará evidente.

Esto podría parecer un detalle intrascendente, fácil de solucionar con el botón o ruedecilla de volumen del reproductor, pero no lo es.

La música digital tiene un tope de volumen “de fábrica” a partir del cual se distorsiona al reproducirse. Los expertos llaman “cero digital”, y este empezó a colonizarse a mediados de los noventa. Cualquiera pensaría que, una vez conquistado el máximo volumen de serie posible, la Guerra se estancaría. En cambio, no fue así ya que, también por esa época, se popularizaron los compresores y limitadores digitales que permiten modificar a placer la música digital.

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Así fue como, para continuar subiendo progresivamente el volumen “de fábrica” de los CDs y no rezagarse de la competencia, una vez alcanzado el máximo posible, las discográficas optaron por “recortar” o “distorsionar” los picos agudos que sobresalían del cero digital. ¿El resultado? Menos rango dinámico, o dicho de otro modo, menos diferencia de volumen entre los altos y los bajos de una canción.

El mayor perjudicado de la Loudness War es el rango dinámico

El rango dinámico de una canción es la diferencia de volumen – medido en decibelios (Db) - que hay desde el punto más grave hasta el más agudo. 

Ejemplificación de la pérdida de rango dinámico

Como se ve en el gráfico anterior, una vez el volumen sobrepasa el cero digital es preciso eliminar cualquier pico para que el audio no suene distorsionado. Lo que se logra con ello es reducir el rango dinámico al reducir de manera artificial los decibelios entre el punto más grave y el más agudo, a favor de aumentar el volumen general de la canción. Así, los audios van distando cada vez más y más de la interpretación original grabada, dando lugar a algunos casos especialmente flagrantes.

Ejemplos reales de pérdida de rango dinámico en canciones

En Youtube hay una gran cantidad de vídeos que denuncian el fenómeno, y especialmente ilustrativo es el subido por el usuario Metalfan 7577, llamado Dead Magnetic Retail vs. Guitar Hero 3 y que puedes ver, pero sobre todo escuchar, haciendo click aquí.

Cantantes, Músicos y Público denuncian la Guerra del Volumen

Bob Dylan expresó su opinión  sobre la Loudness War en una entrevista a Rolling Stone, donde señaló que los discos modernos “son atroces, tienen sonido por todos los lados, no hay definición de nada, de las voces, de nada, es como estático”.

Ha habido casos en los que han sido los propios fans quienes piden a las bandas el relanzamiento de discos con menos volumen y menos distorsión. Una petición en línea buscaba convencer a los Red Hot Chili Peppers de que reeditasen de ese modo su álbum Californication, considerado por expertos como un disco de sonido “duro y comprimido”.

Otro caso conocido es el de Metallica, cuyo disco Death Magnetic  pecó del mismo problema pero que, como guinda, se hizo todavía más evidente cuando en el videojuego Guitar Hero se añadió una canción del álbum sin distorsión, lo que a pesar de sonar más bajo, le daba toda una nueva gama de matices que encantó a los seguidores del grupo.

Pero si existe un tipo de canción realmente afectada por esta tendencia de las discográficas son los clásicos musicales que se remasterizan. Es entonces cuando la típica frase de “antes la música sonaba mejor” parece llenarse de razón.

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The Beattles o Led Zeppelin han visto reducido su rango dinámico en las remasterizaciones pero el que, para muchos audiófilos supone “la bestia negra de la remasterización”, es el álbum Elvis 30 #1 Hits. “Muchos audiófilos odian esa remasterización”, reconoció el responsable del disco, David Bendeth, que a continuación señaló , “pero la gente lo puede reproducir en el coche y es competitivo contra el nuevo disco de Foo Fighters”.  Ese es el meollo del asunto.

La música para llevar también ha influido

En los albores de la industria musical, todo cuando podía hacer alguien para escuchar a su grupo favorito era permanecer en su casa junto a voluminosos aparatos como los tocadiscos mientras el vinilo daba vueltas bajo la aguja.

Los dispositivos portátiles- discmans, walkmans, mp3, iPods, teléfonos móviles…- cambiaron esa realidad. La música se había convertido en algo ligero, que se podía llevar y consumir en cualquier parte. Pero a diferencia de en la habitación de cada uno, la calle o los medios de transporte donde a partir de entonces se escuchaban canciones, no estaban en un silencio relativo, sino que eran presas del bullicio. Ahí comenzaron a subir el volumen, lo que se agravó con la llegada del MP3.

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Tras el nacimiento de los reproductores sin necesidad de formato físico, las discográficas, más que les pesara, eran conscientes de que las canciones incluidas en sus discos posiblemente terminasen convertidas en un archivo con pérdida de sonido MP3. Y eso, además del cambio en las condiciones de escucha, significaba también que se había acabado el escuchar el álbum tal como había sido concebido por la discográfica. Cada usuario incluiría tal o cual canción en listas de reproducción propias, o sonarían cuando el “modo aleatorio” del reproductor así lo decidiera. Era imprescindible destacar ante la competencia, o al menos no quedarse atrás, en dicho campo de batalla y la guerra de volumen se agudizó. Los iPods eran el nuevo territorio a conquistar. Es lo que comentó Kim Deal, de The Breeders, sobre el último disco de su banda, Mountain Battles: “supuestamente sonaba bien en el iPod, pero si pones el CD en el reproductor de CDs escuchas distorsión digital”.

A los audiófilos no se la dan con el volumen

Los audiófilos son un tipo de persona con interés por obtener la mejor reproducción de audio posible, es decir, la más similar a la interpretación original, y eso los lleva a interesarse por la parte técnica de la reproducción musical.

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Donde un usuario estándar vería bien que se subiera el volumen de fábrica de las canciones porque poner su reproductor al máximo no le permite escuchar con nitidez en la hora punta del metro, un audiófilo sabe que puede conectar a cualquier dispositivo un DAC que aumente el volumen que llega a los auriculares además de dar fluidez a la conversión de digital a analógico. Si una persona que escucha música sin preocuparse de lo demás busca páginas de donde descargar la última canción de su grupo favorito en MP3, un audiófilo buscará de dónde descargar lo mismo pero en alta resolución. La lista sigue y sigue.

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Un audófilo sabe también qué es el rango dinámico, y buscará aquellas canciones que sean más fieles al que se interpretó originalmente. Por eso, no se compraría la remasterización de los éxitos de The Beattles, sino la recopilación más antigua consciente de que, por una cuestión de marketing, las discográficas están robando matices a las canciones desde mediados de los noventa.

Ya que los audiófilos son un segmento creciente y que suele gastar cantidades considerables para satisfacer su deseo de conseguir la mejor reproducción posible, es posible que las discográficas tomen nota de esta nueva tendencia y dejen de mutilar las grabaciones a la hora de pasarlas a música en alta resolución. 

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